Decana de las Sociedades Filarmónicas que nacieron a partir del Siglo XIX, La Sociedad Filarmónica, a lo largo de casi dos siglos de existencia, ha sido la pionera indiscutible de la actividad musical y de la docencia en nuestra Ciudad. Proyectos como la Orquesta Filarmónica de Las Palmas, la Orquesta Chica, o la Academia de Música, -convertida posteriormente en el Conservatorio de Música- nacerán y se desarrollarán durante una época bajo su tutela.
Sus inicios se remontan al año 1845, cuando un grupo de personajes, profesionalmente músicos y profesores, de la Sociedad del Gabinete Literario, tratan de dar forma jurídica a los proyectos emergentes que hemos mencionado. Se funda y se establece en el edificio del Teatro Cairasco, donde mantienen una intensa actividad en conciertos y recitales.

Gabinete Literario
A partir de ahí la Sociedad Filarmónica, se convertirá en el motor de la vida cultural de la ciudad de Las Palmas durante muchísimos años.
En esta segunda mitad del XIX, empiezan a aparecer infinidad de agrupaciones musicales de conciertos que, en algunas ciudades de Europa y sobre todo en Gran Bretaña, se denominarán Sociedades Filarmónicas.
Se pondrán de moda y serán objeto de copia no sólo en Europa sino también en ciudades americanas. En nuestra Ciudad no podremos obviar la importantísima Colonia Británica afincada en las Islas, el poder económico que representa y la enorme influencia cultural que ejerce en la burguesía. Además del otro factor importante: el intercambio económico con los países americanos, que convertirá a nuestra Ciudad en el paso obligado de transatlánticos, camino del Canal y del Continente Americano. Indudablemente, la Sociedad se convertirá en la dinamizadora de la cultura en la Ciudad.
Estamos trabajando para poderles ofrecer en próximas fechas una versión descargable en formato PDF del libro Historia de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas y de su orquesta y sus maestros, de Lothar Siemens Hernández

Se trata de un documentadísimo estudio en el que su autor revive con un lenguaje ameno cerca de doscientos años de vida musical de Las Palmas, y enjuicia con gran objetividad a sus protagonistas compositores, ejecutantes y gestores. Todo ello se complementa con un abundante e interesante material gráfico.

 

 

Pueden considerarse cinco etapas en la Historia de la Sociedad Filarmónica (extractadas del libro de Lothar Siemens Hernández "Historia de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas y de su orquesta y sus maestros", El Museo Canario, Las Palmas de Gran Canaria, 1995):


(1845-1855) 1ª Etapa
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El 1 de Junio de 1845 se crea la Sociedad y tuvo como primer Presidente a D. José Afonso Álvarez, licenciado en Derecho y consumado violinista, y como director de la orquesta al Maestro Benito Lentini, nacido en Italia, residente en nuestra ciudad desde 1815, donde llegará a ocupar el cargo de maestro de capilla de la Catedral de Las Palmas, siendo un virtuoso del piano y gran compositor orquestal.

El primer concierto se celebra el 6 de Noviembre de 1845, con el objeto de recaudar fondos para mejorar el instrumental de la orquesta y completarlo, así como adquirir sus enseres, repertorio, etc. Se interpretaron obras compuestas por músicos europeos y de jóvenes compositores canarios, como D. Agustín Millares Torres, secretario de la recién fundada Sociedad, que tuvo que realizar a mano el primer programa debido a la escasez de fondos. Este concierto fue un rotundo éxito y cinco semanas más tarde se efectuó el segundo concierto, donde ya se atrevieron a interpretar la Segunda Sinfonía de Beethoven. Pocos meses después fallece el Maestro Lentini y ocupa su puesto Gregorio Millares Cordero, que ya era Maestro de Música.

En los años siguientes se sufren una serie de reveses con la dirección de Gabinete Literario, que coinciden con la marcha a Madrid de Agustín Millares a perfeccionar sus conocimientos musicales.


D. Agustín Millares Torres

A su regreso, Don Agustín se encuentra a la Filarmónica en franca crisis, y gracias a su energía y a su disposición para la docencia musical logra recomponer la orquesta, que en el año 1855 en el Teatro Cairasco estrena su zarzuela Elvira con un éxito impresionante que logra que se repitan hasta once funciones, produciendo un beneficio económico de 15.000 pesetas, que se embolsa totalmente el Gabinete Literario. Este hecho lleva a Don Agustín a realizar su proyecto de desvincular del Gabinete Literario a la Filarmónica, y lo consuma con lo nuevos estatutos de Diciembre de 1855, que culmina en la separación definitiva.


(1855-1866) 2ª Etapa
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Millares Torres pensó darle un impulso definitivo a la Filarmónica estrenando en 1856 otra zarzuela de mayores proporciones y música más escogida que Elvira, y así nació la llamada Pruebas de amor, cuyo estreno tuvo lugar en el Teatro Cairasco el 21 de Mayo de 1856, el recinto no se llenó del todo y sólo se dieron dos funciones, siendo el beneficio modesto. Este fue el primer toque de atención de la población de Las Palmas al personalismo de Millares, cuya desvinculación del Gabinete no debió parecer tan bien a todo el mundo, además a causa de la mayor competencia de otros profesores de música, que redunda en una disminución de la entrada de ingresos por la docencia, y defraudado por el poco entusiasmo que mostraban muchos compañeros filarmónicos, decide en el año 1860 incorporarse a la carrera de notario, lo que le dio un giro importantísimo a su economía, en detrimento de su dedicación a la música. Al mismo tiempo aparecen otras formaciones musicales que obtienen un cierto éxito, pero el maestro Millares no abandona su labor al frente de la orquesta ni a sus socios, y sigue además con su trabajo en la Catedral, organizando en 1862 dos grandes conciertos públicos con su Filarmónica.

En el año 1863 abandona su compromiso al frente de la capilla de música de la Catedral de Las Palmas, y se firma un contrato con el cabildo Catedral y el Ayuntamiento para asistir con la música a una serie de solemnidades litúrgicas a lo largo de todo el año; la renuncia del maestro y la firma de este contrato posibilitó y garantizó la financiación permanente de la orquesta, dando una mayor estabilidad y continuidad a la Sociedad Filarmónica. En este marco compondría Millares Torres la última de sus grandes obras religiosas: el gran Miserere a 4 voces y orquesta estrenado por la Filarmónica en la Catedral en mayo de 1864.

A comienzos de 1866 Don Antonio López Botas fue nombrado presidente del Gabinete Literario, y al constatar el hundimiento de las actividades culturales en este centro desde la marcha de nuestro músico, le visita y convence para que le apoye en la reorganización del Gabinete y contribuya a su revitalización; se celebraron dos grandes conciertos donde se interpretaron obras de compositores canarios y europeos. De nuevo vuelve a repetirse la historia: la de otra nueva “fundación” de la Filarmónica, en unas circunstancias que parecen calcadas de la vez anterior.


D. Antonio López Botas

(1866-1944) 3ª Etapa
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I. Desde la reorganización del 66 hasta la llegada del Maestro Valle en el 78.

En un periodo inicial se organizaron reuniones de unos cuantos filarmónicos que decidieron hacer público en junio del 66 la instalación de una nueva “Sociedad Filarmónica de Las Palmas”. Pero nadie hizo unos estatutos ni legalizó la asociación por el momento. Don Diego Mesa de León y también su padre estuvieron directamente involucrados desde el principio en este grupo promotor. Hubo un acto inaugural de afirmación consistente en un concierto público, cuyo producto estaba destinado al pago de los instrumentos y música ya encargados. Por indisposición de Francisco Doreste de los Ríos, éste fue sustituido en la quinta pieza por el veterano José Afonso Álvarez con su violín Stradivarius, sancionando así con su presencia el nacimiento de la nueva etapa.


D. Diego Mesa de León

Durante los primeros meses no se veía una capacidad de progreso para poner en marcha un proyecto mas ambicioso, ni se ocupaba nadie de legalizar la Sociedad, hasta que Don Diego Mesa da un golpe de timón y el 6 de noviembre de del mismo año 1866, levantó la primera acta de la Sociedad en esa nueva etapa y propuso un Reglamento, que se lee y es aprobado. Hay a partir de entonces un período de organización y arranque lleno de incertidumbres que no fue ciertamente sencillo. El objetivo principal era conseguir una orquesta estable completa, conciertos privados mensuales y una academia de música eficaz y profesionalmente llevada, cuya implantación constituirá el germen de actual Conservatorio Superior de Música de Las Palmas. Se dispuso que, mientras se buscaba en la Península a la persona adecuada, Don Fernando Peñate llevara la academia y don Eufemiano Jurado y Domínguez la dirección de los conciertos.

Durante la época de Jurado se marcaron las primeras pautas de la política concertística de la orquesta, y se estableció con el Ayuntamiento la costumbre de interpretar un concierto el día 29 de Abril, fiesta de San Pedro Mártir y efeméride de la incorporación de Gran Canaria a la corona de Castilla. Esta colaboración se perpetuó durante más de un siglo, hasta la separación de la orquesta de la Sociedad.

Las gestiones para contratar un director orquestal dieron fruto y se eligió al maestro granadino Manuel Rodríguez y Molina, conocido de antaño por sus intervenciones en la temporada lírica del 1861-62 como acompañante de los cantantes de la gran compañía de Francisco Mela. Dada la gran pasión por el teatro lírico de los aficionados de Las Palmas, durante los diez años que está al frente el maestro Rodríguez se estrechan las relaciones con las compañías de ópera y zarzuela foráneas, sin dejar de atender las funciones religiosas a pesar de los contratiempos con la Catedral. Cabe reseñar el concierto extraordinario celebrado en otoño de 1875 en beneficio de las obras del nuevo teatro y el que tuvo lugar a primeros de marzo de 1877 para conmemorar el primer centenario de la instalación de la Real Sociedad de Amigos del País de Las Palmas de Gran Canaria, en este último se estrenaron dos obras orquestales premiadas en concurso por dicha institución: la Sinfonía ”La Esperanza” compuesta por el mismo Manuel Rodríguez y Molina y la Sinfonía “Por mi Patria y para mi Patria” del joven valor grancanario Santiago Tejera Ossavarry.

El 24 de agosto de 1877, a los 41 años de edad, falleció el maestro Molina de un fulminante ataque de apendicitis, óbito que significó un duro golpe para la Sociedad Filarmónica, y muchos creyeron que supondría su disolución inminente. Interinamente se hizo cargo de las tareas docentes y orquestales el maestro Tejera Ossavarry cuya Sinfonía, estrenada unos meses antes, había agradado bastante, y según las crónicas se informa que llevó la dirección a satisfacción de todos, cumpliendo bien y distinguiéndose así como socio presto a colaborar con la Filarmónica.


D. Santiago Tejera
Ossavarry
Pocos meses duró la estancia de Don Buenaventura Barrejón que vino avalado con un currículum impresionante, aunque su labor pasó sin pena ni gloria, para trasladarse a Ámérica después de presentar su renuncia al comienzo del año 1878. En la misma reunión directiva del 31 de Enero del 1878 donde se conoció la dimisión del maestro Barrejón, se acordó encargar interinamente de la dirección de la academia y de la orquesta al joven aficionado don Francisco Rodríguez Máiquez, hijo del finado maestro, que gracias a percibir un sueldo como director, pudo paliar la crítica situación económica por la que pasaba su familia. Con la llegada del nuevo director la familia decide regresar a la Península, y se organiza un concierto cuyo producto se destinaría para sufragar su retorno a Barcelona.

 

 

II. El Maestro Valle y los colaboradores de la Filarmónica hasta la primera década del siglo XX.

Al quedarse de nuevo sin director. la Filarmónica encargó a su socio Juan Monzón y Castro, que se encontraba en Madrid, la búsqueda del mejor maestro capaz de asumir todas las tareas de la Sociedad. Monzón realizó su gestión ante el gran músico y compositor Emilio Arrieta que, al enterarse de que era para la Sociedad Filarmónica de Las Palmas recomendó a uno de sus discípulos predilectos, Bernardino Valle.

La llegada el 7 de mayo de 1878 del maestro Valle marcaría el comienzo de la etapa más brillante e importante de la primera época de la Sociedad Filarmónica. Don Bernardino Valle Chinestra nacido en Villamayor, Zaragoza en 1849. Su competencia profesional, su autoridad intelectual y su imbricación en la sociedad de Las Palmas de Gran Canaria durante tanto tiempo, favorecieron su adaptación a nuestro medio, permaneciendo ligado a la Filarmónica durante un período de 50 años. No solo cumplió admirablemente con sus labores de dirección y formación, sino que fue un magnífico compositor, que enriqueció con más de sus 300 obras el cuantioso catálogo del archivo musical de la Sociedad, que se vio incrementado por las aportaciones de las nuevas investigaciones musicológicas de un equipo de profesores de Madrid.

 


Bernardino Valle
Chinestra

De esta etapa es el reputado barítono grancanario Néstor de la Torre que desfiló por los mejores teatros de Europa y América, también intervino el famoso tenor italiano Roberto Stagno, de grato recuerdo que, de paso hacia América, entusiasmado con las gentes y el ambiente musical que se respiraba en Las Palmas, decidió colaborar el 10 de septiembre de 1889 en un concierto operístico para destinar su recaudación a la finalización de las obras del nuevo Teatro Tirso de Molina (hoy Teatro Pérez Galdós), en su reconocimiento el Ayuntamiento, dio su nombre a la plaza situada en la parte trasera del teatro.

 


Néstor de la Torre
Comminges

Además, hay que recordar las largas estancias en Gran Canaria del eximio compositor y viajero Camille Saint-Saëns que, en su primera recalada (1989 a Abril del 90) llega de incógnito y se ofrece para tocar los timbales en la Orquesta Filarmónica, aunque pronto es descubierto debido a sus conocimientos en música y gracias a la prensa que publicó una foto suya, muy preocupados por su desaparición. Es total su integración en la vida social y cultural de Las Palmas, quedando constancia en sus siete viajes y donde en cada uno de ellos, bien estrena sus piezas para piano como el Vals Canariote y Campanas de Las Palmas, inaugura el órgano de los claretianos, toca el órgano de la Catedral, estrena su sonata de violín y piano acompañando al gran violinista grancanario José de Avellaneda, realiza varios conciertos a beneficio del Hospital de San José y de la Filarmónica, haciéndose acreedor del reconocimiento de la entidad que le nombra Presidente de Honor, también el Ayuntamiento le otorga el título de Hijo Adoptivo de Las Palmas de Gran Canaria.

En 1890 se inauguró el nuevo Teatro Tirso de Molina junto al mar, y la Filarmónica siguió apoyando las funciones de las compañías líricas que venían por Las Palmas; a finales del siglo XIX y comienzos del XX se vivió una época donde se compusieron una serie de zarzuelas de tipo costumbrista basadas en el tipismo insular, período que se alargó hasta el año 1906. Destacaron como compositores el antiguo director de la orquesta el maestro Tejera Ossavarry con sus obras Folías tristes, La hija del Mestre, y El indiano, y el maestro Valle con sus obras ambientadas en el costumbrismo peninsular como La Perla Negra, El Sacorio, y Los Pájaros, también escribió sus zarzuelas canarias como De Paseo por Las Palmas y Los Indianos.

 


Camille Saint-Saëns

Al año siguiente se inicia una fase de decadencia como resultado de la dimisión de su viejo presidente Diego Mesa de León; en diciembre de 1906 se le ofreció la presidencia a Bernardo de la Torre, que no aceptó el cargo y el 10 de enero de 1907, reunida la junta general, se eligió por aclamación a Pedro Peñate Hernández, quien a los seis meses presentó su renuncia y fue sustituido por Antonio Mesa y López, abogado e hijo de Don Diego Mesa de León, conocedor de todos los entresijos de la Filarmónica aunque no encontró la fórmula económica para acabar con los números rojos de la Sociedad, acrecentándose esta penuria con el comienzo de la Primera Guerra Mundial y el posterior incendio del Teatro Pérez Galdós, foro de tantos triunfos filarmónicos, el cual sólo quedaría totalmente rehabilitado en 1928 de la mano del arquitecto Miguel Martín Fernández de la Torre y de su hermano el pintor Néstor. Su mandato se prolongó hasta 1944 siendo su logro más destacado las actuaciones del gran pianista Arturo Rubinstein en 1917.


Néstor y Miguel
Martín-Fdez. de la Torre

 

III. Agustín Hernández Sánchez, codirector de la Orquesta Filarmónica y sucesor de Valle al frente de la misma (1920-1944).

Discípulo del maestro Valle tomó su relevo aceptando un compromiso verdaderamente frágil, pues la Filarmónica no quiso nombrar oficialmente un maestro-director para el resto de la etapa ni firmar un contrato con nadie.


(1945-1972) 4ª Etapa
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I. La renovación de la Filarmónica. Miguel Benítez Inglott, Técnico musical y primer inspirador de la nueva etapa.

Miguel Benítez Inglott (Las Palmas G.C., 1890–1965), abogado, ocasional compositor y destacado crítico musical. En 1916 estrenó en Las Palmas Ellas mandan, “humorada lírica” sobre libreto de Claudio de la Torre. En los años veinte lo encontramos en Madrid y asiste a la eclosión de una nueva generación de compositores españoles, amigo de García Lorca, puso música a varios de sus poemas, así como de otros artistas e intelectuales de la “Generación del 27”. Fue Secretario Técnico efectivo de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas hasta pocos años antes de su muerte e impulsor de la idea de la recreación de la Sociedad aglutinando a las diversas sociedades musicales.

El 24 de febrero de 1944, un día después de que Mesa reuniera a la Filarmónica, el gobernador civil Álvarez-Buylla presidio la primera reunión constitutiva del Patronato que daría paso a la “nueva” asociación, con la ausencia del Presidente de la Filarmónica, y la asistencia de todas las autoridades políticas y presidentes de las otras sociedades culturales y recreativas. Los presentes nombraron al gobernador Presidente de Honor del Patronato, y asimismo presidente efectivo del mismo, éste aceptó aunque de forma provisional hasta la consolidación del nuevo proyecto. El secretario fue Luis Doreste Silva, y Miguel Benítez Inglott fue nombrado Comisario Artístico único.
El día 2 de septiembre de 1944 el gobernador Álvarez-Buylla preside el patronato en el que se retira, pasados tres días se celebró en el Cabildo Insular de Gran Canaria la Junta General de la Filarmónica, presidida por el titular del mismo Antonio Limiñana López en sustitución del gobernador, y en la sesión del día 9 el Patronato eligió a Emilio Ley Arata como primer presidente del Patronato Superior y a Antonio Mesa y López como presidente de la Junta Rectora. En el período de un par de años después de las pertinentes reuniones tanto del Patronato como de la Junta acuerdan fusionarse en una única ejecutiva que se le llamó “Patronato de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas”, así paso Ley a ser presidente único, pero con Antonio Mesa como vicepresidente.

 

II. Los maestros de los años cuarenta y su labor.

Luis Prieto García: de director interino (1944) a subdirector de la Orquesta Filarmónica.
El pianista Don Luis Prieto se estableció en Las Palmas en 1927. Apareció en 1929 formando trío con Agustín Conchs (violín) y Juan Ribó (violoncello), que tuvo mucho éxito en la capital grancanaria durante casi veinte años, siendo sustituido Ribó en el segundo de los cuarenta por el canario Rafael Jáimez Medina. La labor de Prieto como pedagogo del piano fue sin duda importante, habiendo sido maestro de alumnos que posteriormente destacaron mucho como Pedro Raventós, Pedro Espinosa, Juan Hidalgo o Juan José Falcón Sanabria, entre otros muchos.
En marzo de 1944 la Filarmónica sabia que el director Hernández Sánchez no contaba en el nuevo proyecto, y Mesa entendió con acierto que Don Luis era el maestro interino, dirigió algunos conciertos, alguno con una crítica no muy benevolente,

El maestro Fernando J. Obradors (1944-1945), apoteosis y ocaso.
Un hito en la historia Sociedad Filarmónica lo constituye el paso por su podio, como director titular de la orquesta, del gran maestro Obradors: precisamente el último año de su vida, pues falleció en Barcelona cuando continuaba vinculado a nuestra población como máxima autoridad musical. Obradors compuso una serie de canciones españolas una de las cuales se la dedicó a su amigo Néstor de la Torre.

El director José Antonio Álvarez Cantos (1945-1946)
José Antonio Álvarez Cantos fue un destacado compositor, director de orquesta, y muy experto pianista acompañante. Estudió en el Conservatorio de Madrid y fue alumno de Tomás Bretón y de Conrado del Campo donde consiguió sus primeros premios.
Dirigió exitosamente varios conciertos, pero después de un enfrentamiento con Antonio Mesa, presidente de la Rectora, no consigue que le renueven el contrato de director.

El maestro Juan Pich Santasusana (1946-1949)
El nuevo director debutó al frente de nuestra orquesta el 15 de marzo de 1946. Desarrolló una intensa labor con obras de los clásicos consagrados y con algunas concesiones a la música infrecuente y al repertorio contemporáneo. Hay que destacar el memorial por el fallecimiento de Manuel Falla el 4 de marzo de 1947. El maestro Pich presentó al alcalde Francisco Hernández González un proyecto de municipalización de la orquesta que no tuvo éxito.

Los dineros de las subvenciones tardaron en incrementarse, y cuando el déficit alcanzó un nivel preocupante, Emilio Ley decidió dimitir de la presidencia como revulsivo. En la junta reunida el 4 de abril de 1948 sale elegido presidente Don José Mesa y López (Las Palmas G.C., 1877–1951) que llevó su mandato con mesura, grandes dotes negociadoras y manifiesta capacidad para resolver toda clase de problemas.

Pich Santasusana consideraba su estancia en Las Palmas como una etapa en su ascendente carrera, pasaba grandes temporadas dirigiendo en la Península y el 1 de febrero de 1949 envió una carta donde decía que el alemán Conrad Bernhad, hombre competente, estaría dispuesto a sustituirle, aceptándolo el Patronato de inmediato.

El alemán Conrad Bernhad, director (1949-1951).
Consumación de una era tras el fallecimiento de todos lo antiguos presidentes. Conrad Bernhad (Berlín, 1900- ) realizó sus estudios musicales en su ciudad natal. Compuso mucha música para películas y en 1934, debido a su origen judío, se vió obligado a dejar Alemania y se estableció en Barcelona. Su recuerdo como director fue deficiente, aunque los repertorios de sus conciertos fueron bastante innovadores, pero poco a poco se le fue la orquesta de las manos.

 

III. La época del maestro Gabriel Rodó

Gabriel Rodó Vergés (Barcelona, 1904 – Bogotá, Colombia, 1963) cursó sus estudios en su ciudad natal obteniendo las máximas calificaciones, destacó como solista de violoncello formando parte de la orquesta de Pablo Casals, y de los cuarteto Casals, Barcelona y Dini. Durante la Guerra Civil fue director de la Banda de Música de la Brigada Líster , y en 1941 ya terminada la contienda inició su actividad como director de orquesta.
Llegó a Las Palmas a principio de octubre de 1951 acompañada por su mujer Lupe Sellés, también violoncellista. Músico de orquesta muy experimentado, un director orquestal hecho y un pedagogo nato, también fue un compositor minucioso y vocacional de obras muy pensadas, aunque no muy prolífico.

Tras el fallecimiento de los hermanos José y Antonio Mesa y López, asumieron la presidencia y vicepresidencia del Patronato Matías Vega Guerra, presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria y Francisco Hernández González alcalde de la ciudad de Las Palmas, respectivamente, y en las elecciones de la junta general de la Sociedad fue designado presidente José Ramírez Bethencourt, que anteriormente había desempeñado diferentes cargos en el Patronato de la Sociedad ocuparía la presidencia en dos etapas (1952-55 y 1958-70)

La labor de Rodó en el bienio 1952-1954. La “Orquesta Chica”.
En esta etapa se iniciaron conversaciones con el Ministerio de Educación Nacional con el fin de hacer oficiales los estudios musicales en la academia y elevarla al rango de Conservatorio, pero sólo se consiguió lo primero. Hay que reseñar que a primeros de julio de 1954 tuvo lugar un recital organizado por Rodó de un joven valor canario que pronto triunfaría fuera de las islas: Alfredo Kraus.

En el Teatro Pérez Galdós, en 1953, debutó la Orquesta Juvenil, formada por alumnos de la academia, verdadero vivero para la Orquesta Filarmónica grande y caldo de cultivo de futuros instrumentistas y músicos canarios

El quinquenio del cambio de política (1954-1959) y el interludio presidencial de Manuel Morales Ramos (1956-1957).
En el otoño de 1954 hubo un endurecimiento de la política del régimen franquista que tuvo como resultado la exclusión de Juan Rodríguez Doreste que tuvo que renunciar a su nombramiento por elección.
Desde la presidencia de la Filarmónica saltó José Ramírez Bethencourt a la alcaldía de Las Palmas y para sustituirlo en la máxima asociación musical de la ciudad fue designado en enero de 1956 al abogado Manuel Morales Ramos, al que le tocó actuar en una época de gran depresión económica, lo que originó que la programación se resintiera por la imposibilidad de realizar contrataciones brillantes.
Morales Ramos, hijo del gran poeta canario Tomás Morales, presenta la dimisión al final de 1957 y buena parte de los innovadores pensaron en el abogado Emilio Valle Gracia, hijo del Maestro Valle, pero no fue autorizado por la autoridad gubernativa. Así que José Ramirez Bethencourt asumió de nuevo la presidencia en enero de 1958.

Las “Juventudes Musicales de Las Palmas” y el último trienio de Rodó
Lola de la Torre
, a raiz de su regreso de Cuba, impulsó la delegación grancanaria de la federación de Juventudes Musicales, movimiento auspiciado por la UNESCO, acogido no por la Filarmónica, como hubiera sido lógico, sino en el Museo Canario. El objetivo era promocionar a los jóvenes valores canarios, tanto intérpretes como compositores, y en este marco estrenó sus primeras composiciones Juan José Falcon Sanabria, quien formó un coro de cámara, también debutaron el oboísta Francisco Pérez Ortega, y el guitarrista Efrén Casañas.
Después de unas temporadas con conciertos realizados por la Orquesta acompañando a renombrados intérpretes como Weissemberg, Achúcarro, Malcuzynski o Iturbi, al final de la temporada 61-62 se decide no renovarle el contrato al Maestro Rodó.

La promoción de García Asensio como razón del despido de Rodó. Homenaje, emigración y fallecimiento en Bogotá.
Enrique García Asensio
(Valencia, 1937), músico de temperamento y habilidoso director orquestal, fue uno de los escogidos jóvenes que, por las circunstancias de entonces, tuvieron la suerte de que la política del Movimiento Nacional se fijara en ellos para promocionarlos como hechura del Régimen.
La Filarmónica se desentendió absolutamente de Rodó, y fueron las Juventudes Musicales de Las Palmas las que, ya en la temporada siguiente, le organizaron un gran homenaje de despedida en los salones del Real Club Náutico, que resultó ser un acto multitudinario. El maestro y su esposa se embarcaron para Colombia al filo de la primavera de 1963. En el mes de octubre, cuando unos transportistas le subían un piano a su piso, murió súbitamente de un infarto mientras vigilaba la operación en la escalera. Se le hicieron unos grandes funerales en la Catedral de Las Palmas.

 

IV. Desde la incorporación de García Asensio hasta la emancipación de la orquesta (1962-1972)

Los cambios políticos que llevó a cabo el gobierno de Franco en 1958 impulsaron el resurgir de la economía, casi coincidiendo con la entrada en acción como secretario de nuestra Sociedad de Francisco Martín Vera, buen administrador y gestor eficiente, pero siempre mostró su menosprecio por los jóvenes artistas locales, contrató a buenos intérpretes nacionales y artistas de segunda fila extranjeros, trayendo además a alguna figura de relieve. En esta etapa se estableció una colaboración con el Goethe Institut de Alemania que tuvo como resultado la venida de excelentes grupos de cámara a un coste mínimo, pero el gran hito lo constituyó la contratación para un recital del extraordinario pianista Arturo Rubinstein, que volvió a actuar ante nuestro público 46 años después.
García Asensio fue director de la Orquesta Filarmónica coincidiendo con las dos temporadas más activas y variadas de la Sociedad desde hacía varios años: fueron dos cursos novedosos y muy del agrado del público.

El maestro García Asensio renunció al puesto de director para hacerse cargo de la Orquesta de Valencia, su tierra natal, recomendando a su condiscípulo de los cursos de dirección en Siena del gran maestro Celibidache, a Marçal Gols, y en el mes de mayo de 1964 se optó por la contratación del director catalán entre cuatro candidatos.

Marçal Gols, nacido en Barcelona, estudió piano, violoncello y clarinete, fue director coral y perfeccionó sus estudios de dirección en los cursos de Siena arriba indicados. Su capacidad de trabajo le llevó a reorganizar y mejorar la orquesta de una forma radical, consiguiendo con la “importación” de músicos foráneos alcanzar una mayor profesionalidad, aunque una vez alcanzado su objetivo sólo tenía enemigos por doquier; por ello, si hoy Las Palmas posee una Orquesta Filarmónica de primer nivel, se debe a la labor y el esfuerzo del director catalán, que supo con certeza que el sueño de implantar en Las Palmas una absoluta profesionalidad musical podía y debia realizarse a su manera, y no a la de otros.
Además de la profesionalización de la orquesta se comprometió a organizar el coro y a presentarlo en un concierto antes de Navidad, y fue el 10 de diciembre de 1964 cuando presentó un coro de 88 voces distribuidas en cinco cuerdas que acompañado por la orquesta ejecutó las Septem verba Jesu Christi in cruce de Schütz y para finalizar el concierto Gols interpretó con gran despliegue el Halleluja de el “Mesias” de Haendel, el coro volvió a actuar el 5 de febrero de 1965 en el concierto homenaje a Miguel Benítez Inglott, se interpretó la Simple Symphony de Benjamín Britten; además del coro que volvió con el Halleluja el protagonista del concierto fue el joven violoncellista Rafael Ramos, cerrando el programa las Danzas Polovtsianas del Príncipe Igor de Borodin.

Las conmemoraciones del Centenario del 66 y los primeros pasos hacia un relevo generacional en el Patronato.
Después de renovar al maestro Gols, la junta pensó celebrar la “refundación” de 1866 con un magno centenario que abarcara las temporadas 65-66 y 66-67, y el director anunció a principios de temporada que en diciembre ofrecería un gran programa dedicado a Mozart, cuyo punto culminante sería la Misa de la Coronación, y efectivamente el concierto se celebró el 20 de diciembre de 1965 con las sinfonías Salzburg y Haffner en la primera parte y finalizando con la Misa. El éxito fue memorable, teniéndose que repartir sillas adicionales por todo el teatro, y la soberbia interpretación de María Isabel Torón obtuvo el mas alto reconocimiento. Al constituir este concierto un hito histórico importante,se decidió repetirlo dentro de la programación conmemorativa del año 66 y también se programó como concierto popular.

A finales de 1965 fueron elegidos como nuevos miembros del Patronato Juan Marrero Bosch y Francisco Ponce Caballero, grandes aficionados a la música, y junto al director, el secretario, y el vicesecretario, a la sazón Antonio Saavedra Acevedo, constituyeron la comisión de programación de los conciertos de cada temporada. El 24 de mayo de 1966 después de un pequeño debate crítico presentó Martín Vera su dimisión “irrevocable” como secretario de la Sociedad. No se le admitió, pidiéndole el Patronato que reconsiderase su postura, como así lo hizo posteriormente.

En enero de 1967 el alcalde de Las Palmas, José Ramírez Bethencourt cedió la presidencia de la Sociedad al presidente del Cabildo Insular de Gran Canaria, Federico Díaz Bertrana. Éste, aunque era vocal nato de la Filarmónica, jamás había asistido a una reunión del Patronato y, por supuesto, al recibir la comunicación de su nombramiento respondió inmediatamente dando las gracias y renunciando. Así José Ramírez Bethencourt tuvo que asumir nuevamente la presidencia y dar entrada como vicepresidente al titular del Museo Canario, el Dr. Juan Bosch Millares.

Los conciertos de otoño, que cerraban la conmemoración del centenario, se abrieron con un excepcional Liederabend por Elisabeth Schwarzkopf acompañada del pianista Martin Issep. El 8 de noviembre se celebró el concierto propiamente conmemorativo del centenario, iniciado con un discurso histórico del Dr. Juan Bosch Millares, y se interpretó el Réquiem de Mozart con la soprano María Isabel Torón, la contralto Montserrat Martorell, el tenor Jaime Baró y el bajo J. L. Ochoa Plaza.

La programación en las restantes temporadas con Marçal Gols (1967-1970)
El resto de la temporada 1966-67, fue muy intenso y hay que destacar la venida de los pianistas Orozco, Kalmkaria, Freire, Llacuna y Carmen Vila, quien tras un recital sola cerró la temporada con la orquesta interpretando el Concierto Emperador y la Fantasía para piano, coro y orquesta de Beethoven, el guitarrista venezolano Alirio Díaz, el voloncellista Radu Aldulescu, y violinista grancanario Salvador Gil Parrado. Todos ellos tocaron solos y con la orquesta. Gols ofreció con la orquesta alguna novedad, como la Sensemayá del mejicano Silvestre Revueltas.

Desde septiembre de 1967 hasta junio de 1970, se celebraron 61 actos musicales, donde los intérpretes mas destacados fueron como pianistas Julius Katchen, Paul Badura-Skoda, Margot Pinter, Rafael Orozco, Joaquín Achucarro y el tinerfeño Guillermo González, los violinistas Victor Martín y otro tinerfeño Agustín León Ara, como violoncellistas Radu Aldulescu y el canario Rafael Ramos, el arpista Nicanor Zabaleta y el guitarrista Alirio Díaz antes mencionado.

Renovación en el Patronato e inicio de los Conciertos escolares
En las elecciones de diciembre de 1967 entraron como nuevos vocales del Patronato el joven abogado Juan Cambreleng Roca y Vicente Llinares Dorta. Bajo la presidencia de Ramírez Bethencourt se distribuyeron en el mes de enero siguiente los cargos a desempeñar, dentro de un clima de disconformidad de Martín Vera, que dimitió como secretario (aunque no como vocal de la junta). Ponce Caballero fue nombrado vicepresidente y Antonio Saavedra Acevedo secretario, secundado en la vicesecretaría por Juan Cambreleng.

Durante año 1968, al margen de las actividades de la Sociedad Filarmónica, irrumpieron en Las Palmas de Gran Canaria varias iniciativas que habrían de cambiar la vida musical de la ciudad. Desde el año anterior se habían organizado los Amigos Canarios de la Ópera; esta asociación contaba en principio con la colaboración de la orquesta de la Sociedad Filarmónica para sus temporadas, lo que representaba un beneficio adicional a sus músicos. Se pretendía además crear un coro específico y, en definitiva, contar con una infraestructura estable para la organización de las temporadas operísticas anuales. Esto creó en aquellos tiempos un clima de entusiasmo que favoreció la buena acogida de otras iniciativas que cobrarían mucha importancia. Las tres más significativas fueron:

  1. La radicación en la ciudad del bailarín rumano Gelu Barbu, quien abrió en 1968 su academia de danza y organizó su “Ballet Contemporáneo de Las Palmas
  2. La Caja Insular de Ahorros de Gran Canaria, conducida entonces por un director sensible como fue Juan Marrero Portugués y por un gestor cultural de gran sagacidad y eficacia como Germán Luzardo Gutiérrez, favorecieron también que en su seno organizara aquel año el compositor Juan José Falcón Sanabria una masa coral cuya actividad no se ha interumpido hasta hoy, si bien ahora no está adscrita ya a la Caja sino a la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
  3. El presidente de las Juventudes Musicales de Las Palmas, Augusto García Bienzobas, logró organizar en aquel entonces, tambien apoyado por la Caja de Ahorros, un proyecto largamente anhelado por los jóvenes directivos que comandaba: el primer concierto de un ambicioso ciclo para escolares, destinado a fomentar en estos el conocimiento y la afición a la música. El primer concierto tuvo lugar en el Teatro Pérez Galdós el sábado 23 de noviembre de 1968 a las 5,30 de la tarde, y a él concurrieron ¡más de mil niños!. Intervino una orquesta extraida de la Filarmónica, bajo las batutas de Falcón Sanabria y Díaz de Felipe, y se interpretaron obras de Vivaldi, los Bach padre e hijo, Webern y Stravinsky.

La Filarmónica, especialmente en el curso 1969-70 (última temporada de Marçal Gols), se benefició de algunos conciertos organizados para los escolares. Pero el primer sacrificado dentro de esta nueva y repentina euforia fue el coro, que ciertamente le daba a Gols más trabajo que beneficio, por lo que se lo quitó de encima suprimiéndolo.

El golpe contrarrenovador de Martín Vera y la dimisión de Marçal Gols
Al celebrarse la junta general del 30 de diciembre de 1969, en la que correspondía la renovación de Francisco Ponce, Juan Cambreleng y otros; Martín Vera, con mucho sigilo, había confeccionado una candidatura alternativa a las elecciones de la mitad de la directiva, en la cual excluyó a quienes no eran de su agrado dándole entrada a otras personas menos jóvenes con las que pensó que se entendería mejor. Los excluidos se enteraron de la maniobra en el momento de las elecciones, y quedaron por sorpresa fuera del Patronato. En enero de 1970, Martín Vera, rey y señor de la situación, volvió a asumir con decisión la secretaría de la Sociedad Filarmónica. Al presentar en la junta del 3 de septiembre su proyecto de programación, y no siéndole aceptado, el maestro Gols dimite como director de la orquesta de la Sociedad Filarmónica, lo que se aceptó en 22 de dicho mes.

Daniel Martínez Marín, director invitado (1970). La renovación definitiva del Patronato
En otoño de 1970 la nueva temporada se inaugura con conciertos populares en Teror y Telde bajo la dirección de Crescencio Díaz de Felipe. Martín Vera había cerrado la temporada anterior invitando a su amigo García Asensio con un programa monográfico dedicado a Brahms. Fue su manera pueril de darle un toque a Gols. Ahora, al dimitir éste, necesitaba consejo para contratar a un nuevo maestro. Puesto en contacto con García Asensio le recomendó a su discípulo Daniel Martín Marín, que también había sido alumno de Sergiu Celibidache, dirigió tres conciertos no causando mala impresión, pero al entrar un nuevo equipo directivo a finales de diciembre se prefirió probar también a otros candiadatos-

En diciembre de 1970 se celebró la junta general anual, en la que tocaba la renovación de la mitad del Patronato que incluía al presidente y al secretario. Martín Vera, sin consultar con nadie, formó una lista excluyendo a Antonio Saveedra, a José Juan Melián y a Pablo Elola, e incluyó a Gregorio León Suárez, a Juan Marrero Portugués y a Fermina Caballero Massieu. Por su parte, Juan Cambreleng, también con todo sigilo, había formado una candidatura renovadora encabezada por él mismo e incluyendo a Antonio Saavedra, a Pablo Elola, a Manuel Pañate Schamann, a José Sampedro Pérez y a Antonio Castellano Auyanet.

A finales del verano, Juan Cambreleng tuvo la delicadeza de presentarse ante el alcalde para comunicarle personalmente que pensaba oponerse a él con su candidatura renovadora y desvinculada de la política oficial, pues la situación de la Filarmónica se deterioraba y creía llegado el momento del cambio. Ramírez Bethencourt lo escuchó y entendió, y finalmente le dijo que él no quería continuar por dos razones: una, porque la alcaldía no le permitía ocuparse de la Sociedad, y la otra, porque Martín Vera sólo le creaba problemas. Pero lo cierto es que Ramírez Bethencourt no advirtió a Martín Vera que pensaba retirarse, puesto que éste no le había consultado para formar la lista.

A la asamblea de la Filarmónica acudierom a votar cerca de doscientos socios de uno y otro bando. Resultando derrotada la lista de Martín Vera. Asumió Cambreleng la presidencia en enero, y Antonio Castellano la secretaría, ocupando la vicepresidencia José Sampedro y continuando con la vicesecretaría Juan Marrero Bosch. Casi un año despues el 22 de diciembre de 1971, se consumó el cambio generacional con la llegada de Francisco Ponce Caballero, Vicente Llinares Dorta, Sebastián Artiles León, el arquitecto José Sanchez Murcia y Pedro Schlueter Caballero.

El primer bienio presidencial de Juan Cambreleng (1971-1972): Manuel Galduf y otros directores invitados
Juan Cambreleng
y su equipo directivo se encontraron en 1971 con un panorama nada halagüeño: por un lado la orquesta se encontraba soliviantada debido a los bajos salarios debido a que las subvenciones corporativas seguían congeladas hacía más de dos décadas, y por otra parte, Marçal Gols, desde la calle, disponía de los músicos a su conveniencia, contando con más fondos que la Filarmónica proveniente de los conciertos escolares. Había más, las temporadas de ópera se consolidaban y ocupaban a los instrumentistas de la orquesta buena parte de la primavera. De manera que la solución era recurrir a la contratación de recitales y de grupos de cámara.Y el nuevo equipo, en el que había aficionados poseedores de una cultura musical más actualizada, emprendió bién este camino, decidiendo invitar a directores orquestales escogidos para actos puntuales.

La nueva gestión se estrenó con un recital del veterano pianista Witold Malkuzynski con un recital con obras de Brahms, Liszt y Chopin, y tres día después el gran pianista interpretó junto con la orquesta los conciertos de Tchaikowsky el tercero de Beethoven, bajo la batuta del joven director valenciano Manuel Galduf, el cual demostró una gran musicalidad y una absoluta eficacia como acompañante de tan enorme virtuoso.

A principios de mayo actuó para la Sociedad Filarmónica, por gentileza del Ayuntamiento, la Orquesta de Cámara de Praga, que ejecutó obras de Telemann, Mozart, Richter y Prokofieff. Esto convenció al público de que si la Sociedad no pudiera en el futuro sostener a su propia orquesta, podría ocasionalmente traer a este tipo de agrupaciones de gran calidad, con las que se podían escuchar programas especializados y ejecutados al máximo nivel. La vieja orquesta volvió a intervenir a finales de ese mismo mes acompañando a la sopramo tinerfeña María Orán, que recientemente se había presentado con gran éxito en el festival de ópera de Las Palmas. Se concluyó la temporada con el oratorio Por qué rezamos de Navaroo Grau dirigido por Juan José Falcón, y se culminó una temporada, la de 1970-71, cuyo segundo tramo se había presentado incierto tras el primer relevo directivo y que se solventó con un nivel e interés no inferiores a los de la época anterior.

En la temporada siguiente se mantuvo la misma tónica, y se invitó a Marçal Gols a dirigir el concierto inaugural acompañando al clarinetista Rodolfo Giménez, repitieron visita los directores Galduf y Martínez Marín. Casi todos los solistas dieron además sus respectivos recitales, destacando el pianista Shura Cherkassky y el guitarrista José Luis Rodrigo.

El proceso de emancipación de la orquesta y el traspaso del Consevatorio de la Filarmónica al Ayuntamiento.
Las relaciones de Gols con los músicos iban a menos, pues la antigua vinculación de estos con la Sociedad estaba practicamente rota. Gols estaba pensando en municipalizar la orquesta, sustituyendo a los músicos que tenían otras dedicaciones por profesionales importados, con el objeto de obtener una mayor calidad y poder disponer a cualquier hora de todos los instrumentistas para sus conciertos escolares.

El Patronato de la Filarmónica presidido por Juan Cambreleng fue madurando poco a poco la idea de que la solución no consistía en volver a la situación anterior, sino que había que luchar por una orquesta profesional, de gran calidad, para cuyo logro debería realizarse nuevamente un esfuerzo conjunto en el que la Sociedad Filarmónica no debía quedar aparte. Cambreleng quiso promover un nuevo “Patronato de la Organización Sinfónica de Las Palmas”, invitando para hablar de ello al Ayuntamiento, al Cabildo Insular, a la Caja Insular de Ahorros, a lo Amigos Canarios de la Ópera y a la recién creada Asociación de Conciertos Escolares.

El nuevo presidente del Cabildo, Juan Pulido Castro, le dijo a Cambreleng en su entrevista que ya existía un Patronato con plenos poderes para su gestión, pero no se habló de actualizar las subvenciones para que la gestión encomendada en los estatutos pudiera llevarse a cabo, sino sólo de estudiar la posibilidad de “aumentarla”, lo cual no se llevó a cabo de una manera realista. El consejero de cultura del Cabildo José Rodriguez de la Rosa acudió a un Patronato, una novedad, pues desde los tiempos de Matías Vega no aparecía por la Filarmónica nadie de la corporación insular; venía a informarse para tratar de resolver el principal problema urgente de la Sociedad, que, según sus noticias era “cubrir la plaza del director de la orquesta…” Y con la misma se fue y no volvió más: una auténtica tomadura de pelo, verdaderamente indignante.

El Ayuntamiento, en sus conversaciones sobre el problema de fondo con Cambreleng, mantuvo la misma postura que el Cabildo, esto es, la de aumentar su apoyo a la Sociedad; pero no aumentó nada, sino que pronto derivó la negociación hacia el problema del Conservatorio, que era otra carga que, sin ayudas, la Filarmónica no podía soportar ya. En tiempos de Rodó ya se había solicitado el cambio de la categoría del centro docente de “Elemental” a “Profesional”. Ésta le fue concedida aquel año de 1971 por el Ministerio, y en octubre se hizo el traspaso del mismo al municipio, con todo su equipamiento y los enseres con que lo había dotado a lo largo del tiempo (incluidos los pianos).

Adiós a la orquesta; punto final de la cuarta etapa en diciembre de 1972
En marzo del 72 se convocó una junta general extraordinaria y se elevaron las cuotas sociales. Dado que el Ayuntamiento había asumido a la orquesta como órgano externo para dar otros conciertos en el teatro, se volvió a ofrecer la colaboración de la Sociedad Filarmónica para la creación de una gran orquesta sinfónica de la ciudad. Silencio. Habló entonces de nuevo Cambreleng con Pulido Castro en el Cabildo, y éste le dijo claramente que de momento, no se consideraba oportuno acometer una empresa de la envergadura de una orquesta de categoría, lo que Cambreleng comunicó al Patronato el 17 de marzo de 1972.
En noviembre de ese año volvió Cambreleng a la carga con las corporaciones para que se creara la gran orquesta sinfónica de la ciudad. Todo fue en vano y las relaciones con los músicos se agriaron mucho más. Después de tres conciertos en otoño del 72, en diciembre se negaron a actuar, cuando por un gesto conciliador del Patronato habían de ser dirigidos por Gols (que tuvo mucha parte en este plante).

Cuando se celebró la siguiente junta general de la Sociedad Filatmónica, el 29 de diciembre de 1972, el presidente informó cumplidamente del proceso que ha concluido en la disolución de la orquesta de la Sociedad por parte de los músicos. Habló de las gestiones innumerables de la Sociedad Filarmónica para encontrar la mejor solución posible al problema de la orquesta y las interferencias de los músicos y personas extrañas, aparte del poco calor con que las autoridades han acogido hasta ahora las diferentes propuestas. Asimismo, Cambreleng expresó su confianza en el futuro de la Sociedad con el apoyo de los socios que, como una piña, seguían manteniéndose fieles. La asamblea ratificó con su aprobación unánime el sentir del presidente.

 

(1973-1995) 5ª Etapa
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El segundo bienio presidencial de Juan Cambreleng (1973-1974)
Después del traspaso del Conservatorio al Ayuntamiento y la emancipación de la orquesta colocaron a la Filarmónica en una nueva situación y radicalmente distinta. A partir de aquel momento, la Sociedad Filarmónica actuaría principalmente sólo como un órgano de gestión de conciertos para abonados (sus socios). Desde el punto de vista cultural, esta situación resultaría a la larga muy beneficiosa, pues permitiría que se desarrollara con una mayor flexibilidad otra política musical de más ancho contenido para sus miembros. Como consecuencia se ha elevado considerablemente el listón de las exigencias de calidad entre el público de Las Palmas de Gran Canaria, y se ha cubierto con gran acierto la parcela sin duda más exquisita: la de la música solística y de cámara.

A finales de 1972 se produce una nueva renovación del Patronato y entraron como nuevos Luis Cárdenes Iglesias, Francisco de Armas Vernetta, Silvia Perdomo González y María Paz Massieu Verdugo.

Cambreleng y su nuevo equipo no se desentendieron en principio del problema de la orquesta, aunque la consideraban como una necesidad ciudadana irrenunciable; por lo tanto, en los contactos con las corporaciones, y especialmente con el Ayuntamiento (que protegía a la ahora llamada “Orquesta Sinfónica de Las Palmas” dirigida por Gols), iban encaminados hacia la creación de un nuevo ente sinfónico absolutamente renovado y profesional, en el que debían participar todas las partes interesadas. La corporación municipal mostró su nula voluntad de llegar a una cooperación con la Sociedad. Con ésto quedó claro el “impasse” a que se llegó en ese diálogo, y aunque la Filarmónica siguió en el futuro insistiendo en su postura, a partir de ese momento se concentro más en su labor de traer a solistas y agrupaciones de cámara.

El segundo bienio presidencial de Juan Cambreleng tuvo un signo ascendente, que demostró que la Sociedad como tal no se había resentido con la separación de la orquesta. El secretario Antonio Castellano fue eficaz gestor, y por primera vez todos los conciertos de las temporadas aparecían programados con un año de a