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I. La renovación
de la Filarmónica. Miguel Benítez
Inglott, Técnico musical y primer inspirador
de la nueva etapa.
Miguel Benítez Inglott (Las
Palmas G.C., 1890–1965), abogado, ocasional
compositor y destacado crítico musical.
En 1916 estrenó en Las Palmas Ellas mandan,
“humorada lírica” sobre libreto
de Claudio de la Torre. En los
años veinte lo encontramos en Madrid y
asiste a la eclosión de una nueva generación
de compositores españoles, amigo de García
Lorca, puso música a varios de
sus poemas, así como de otros artistas
e intelectuales de la “Generación
del 27”. Fue Secretario Técnico efectivo
de la Sociedad Filarmónica de Las Palmas
hasta pocos años antes de su muerte e impulsor
de la idea de la recreación de la Sociedad
aglutinando a las diversas sociedades musicales.
El 24 de febrero de 1944, un día después
de que Mesa reuniera a la Filarmónica,
el gobernador civil Álvarez-Buylla
presidio la primera reunión constitutiva
del Patronato que daría paso a la “nueva”
asociación, con la ausencia del Presidente
de la Filarmónica, y la asistencia de todas
las autoridades políticas y presidentes
de las otras sociedades culturales y recreativas.
Los presentes nombraron al gobernador Presidente
de Honor del Patronato, y asimismo presidente
efectivo del mismo, éste aceptó
aunque de forma provisional hasta la consolidación
del nuevo proyecto. El secretario fue
Luis Doreste Silva, y Miguel
Benítez Inglott fue nombrado Comisario
Artístico único.
El día 2 de septiembre de 1944 el gobernador
Álvarez-Buylla preside
el patronato en el que se retira, pasados tres
días se celebró en el Cabildo Insular
de Gran Canaria la Junta General de la Filarmónica,
presidida por el titular del mismo Antonio
Limiñana López en sustitución
del gobernador, y en la sesión del día
9 el Patronato eligió a Emilio
Ley Arata como primer presidente del
Patronato Superior y a Antonio Mesa y
López como presidente de la Junta
Rectora. En el período de un par de años
después de las pertinentes reuniones tanto
del Patronato como de la Junta acuerdan fusionarse
en una única ejecutiva que se le llamó
“Patronato de la Sociedad Filarmónica
de Las Palmas”, así paso Ley a ser
presidente único, pero con Antonio
Mesa como vicepresidente.
II. Los maestros de
los años cuarenta y su labor.
Luis Prieto García: de director
interino (1944) a subdirector de la Orquesta Filarmónica.
El pianista Don Luis Prieto se
estableció en Las Palmas en 1927. Apareció
en 1929 formando trío con Agustín
Conchs (violín) y Juan
Ribó (violoncello), que tuvo mucho
éxito en la capital grancanaria durante
casi veinte años, siendo sustituido
Ribó en el segundo de los cuarenta
por el canario Rafael Jáimez Medina.
La labor de Prieto como pedagogo
del piano fue sin duda importante, habiendo sido
maestro de alumnos que posteriormente destacaron
mucho como Pedro Raventós,
Pedro Espinosa, Juan
Hidalgo o Juan José Falcón
Sanabria, entre otros muchos.
En marzo de 1944 la Filarmónica sabia que
el director Hernández Sánchez
no contaba en el nuevo proyecto, y Mesa
entendió con acierto que Don Luis
era el maestro interino, dirigió algunos
conciertos, alguno con una crítica no muy
benevolente,
El maestro Fernando J. Obradors (1944-1945),
apoteosis y ocaso.
Un hito en la historia Sociedad Filarmónica
lo constituye el paso por su podio, como director
titular de la orquesta, del gran maestro Obradors:
precisamente el último año de su
vida, pues falleció en Barcelona cuando
continuaba vinculado a nuestra población
como máxima autoridad musical.
Obradors compuso una serie de canciones
españolas una de las cuales se la dedicó
a su amigo Néstor de la Torre.
El director José Antonio Álvarez
Cantos (1945-1946)
José Antonio Álvarez Cantos
fue un destacado compositor, director de orquesta,
y muy experto pianista acompañante. Estudió
en el Conservatorio de Madrid y fue alumno de
Tomás Bretón y
de Conrado del Campo donde consiguió
sus primeros premios.
Dirigió exitosamente varios conciertos,
pero después de un enfrentamiento con Antonio
Mesa, presidente de la Rectora, no consigue
que le renueven el contrato de director.
El maestro Juan Pich Santasusana (1946-1949)
El nuevo director debutó al frente de nuestra
orquesta el 15 de marzo de 1946. Desarrolló
una intensa labor con obras de los clásicos
consagrados y con algunas concesiones a la música
infrecuente y al repertorio contemporáneo.
Hay que destacar el memorial por el fallecimiento
de Manuel Falla el 4 de marzo
de 1947. El maestro Pich presentó
al alcalde Francisco Hernández
González un proyecto de municipalización
de la orquesta que no tuvo éxito.
Los dineros de las subvenciones tardaron en incrementarse,
y cuando el déficit alcanzó un nivel
preocupante, Emilio Ley decidió
dimitir de la presidencia como revulsivo. En la
junta reunida el 4 de abril de 1948 sale elegido
presidente Don José Mesa y López
(Las Palmas G.C., 1877–1951) que llevó
su mandato con mesura, grandes dotes negociadoras
y manifiesta capacidad para resolver toda clase
de problemas.
Pich Santasusana consideraba
su estancia en Las Palmas como una etapa en su
ascendente carrera, pasaba grandes temporadas
dirigiendo en la Península y el 1 de febrero
de 1949 envió una carta donde decía
que el alemán Conrad Bernhad,
hombre competente, estaría dispuesto a
sustituirle, aceptándolo el Patronato de
inmediato.
El alemán Conrad Bernhad, director
(1949-1951).
Consumación de una era tras el fallecimiento
de todos lo antiguos presidentes. Conrad
Bernhad (Berlín, 1900- ) realizó
sus estudios musicales en su ciudad natal. Compuso
mucha música para películas y en
1934, debido a su origen judío, se vió
obligado a dejar Alemania y se estableció
en Barcelona. Su recuerdo como director fue deficiente,
aunque los repertorios de sus conciertos fueron
bastante innovadores, pero poco a poco se le fue
la orquesta de las manos.
III. La época
del maestro Gabriel Rodó
Gabriel Rodó Vergés
(Barcelona, 1904 – Bogotá, Colombia,
1963) cursó sus estudios en su ciudad natal
obteniendo las máximas calificaciones,
destacó como solista de violoncello formando
parte de la orquesta de Pablo Casals, y de los
cuarteto Casals, Barcelona y Dini. Durante la
Guerra Civil fue director de la Banda de Música
de la Brigada Líster , y en 1941 ya terminada
la contienda inició su actividad como director
de orquesta.
Llegó a Las Palmas a principio de octubre
de 1951 acompañada por su mujer Lupe
Sellés, también violoncellista.
Músico de orquesta muy experimentado, un
director orquestal hecho y un pedagogo nato, también
fue un compositor minucioso y vocacional de obras
muy pensadas, aunque no muy prolífico.
Tras el fallecimiento de los hermanos José
y Antonio Mesa y López, asumieron
la presidencia y vicepresidencia del Patronato
Matías Vega Guerra, presidente
del Cabildo Insular de Gran Canaria y
Francisco Hernández González
alcalde de la ciudad de Las Palmas, respectivamente,
y en las elecciones de la junta general de la
Sociedad fue designado presidente José
Ramírez Bethencourt, que anteriormente
había desempeñado diferentes cargos
en el Patronato de la Sociedad ocuparía
la presidencia en dos etapas (1952-55 y 1958-70)
La labor de Rodó en el bienio
1952-1954. La “Orquesta Chica”.
En esta etapa se iniciaron conversaciones con
el Ministerio de Educación Nacional con
el fin de hacer oficiales los estudios musicales
en la academia y elevarla al rango de Conservatorio,
pero sólo se consiguió lo primero.
Hay que reseñar que a primeros de julio
de 1954 tuvo lugar un recital organizado por Rodó
de un joven valor canario que pronto triunfaría
fuera de las islas: Alfredo Kraus.
En el Teatro Pérez Galdós, en 1953,
debutó la Orquesta Juvenil, formada por
alumnos de la academia, verdadero vivero para
la Orquesta Filarmónica grande y caldo
de cultivo de futuros instrumentistas y músicos
canarios
El quinquenio del cambio de política
(1954-1959) y el interludio presidencial de Manuel
Morales Ramos (1956-1957).
En el otoño de 1954 hubo un endurecimiento
de la política del régimen franquista
que tuvo como resultado la exclusión de
Juan Rodríguez Doreste
que tuvo que renunciar a su nombramiento por elección.
Desde la presidencia de la Filarmónica
saltó José Ramírez
Bethencourt a la alcaldía de Las
Palmas y para sustituirlo en la máxima
asociación musical de la ciudad fue designado
en enero de 1956 al abogado Manuel Morales
Ramos, al que le tocó actuar en
una época de gran depresión económica,
lo que originó que la programación
se resintiera por la imposibilidad de realizar
contrataciones brillantes.
Morales Ramos, hijo del gran
poeta canario Tomás Morales,
presenta la dimisión al final de 1957 y
buena parte de los innovadores pensaron en el
abogado Emilio Valle Gracia,
hijo del Maestro Valle, pero
no fue autorizado por la autoridad gubernativa.
Así que José Ramirez Bethencourt
asumió de nuevo la presidencia en enero
de 1958.
Las “Juventudes Musicales de Las
Palmas” y el último trienio de Rodó
Lola de la Torre, a raiz de su regreso
de Cuba, impulsó la delegación grancanaria
de la federación de Juventudes Musicales,
movimiento auspiciado por la UNESCO, acogido no
por la Filarmónica, como hubiera sido lógico,
sino en el Museo Canario. El objetivo era promocionar
a los jóvenes valores canarios, tanto intérpretes
como compositores, y en este marco estrenó
sus primeras composiciones Juan José
Falcon Sanabria, quien formó un
coro de cámara, también debutaron
el oboísta Francisco Pérez
Ortega, y el guitarrista Efrén
Casañas.
Después de unas temporadas con conciertos
realizados por la Orquesta acompañando
a renombrados intérpretes como Weissemberg,
Achúcarro, Malcuzynski
o Iturbi, al final de la temporada
61-62 se decide no renovarle el contrato al
Maestro Rodó.
La promoción de García
Asensio como razón del despido de Rodó.
Homenaje, emigración y fallecimiento en
Bogotá.
Enrique García Asensio (Valencia,
1937), músico de temperamento y habilidoso
director orquestal, fue uno de los escogidos jóvenes
que, por las circunstancias de entonces, tuvieron
la suerte de que la política del Movimiento
Nacional se fijara en ellos para promocionarlos
como hechura del Régimen.
La Filarmónica se desentendió absolutamente
de Rodó, y fueron las
Juventudes Musicales de Las Palmas las que, ya
en la temporada siguiente, le organizaron un gran
homenaje de despedida en los salones del Real
Club Náutico, que resultó ser un
acto multitudinario. El maestro y su esposa se
embarcaron para Colombia al filo de la primavera
de 1963. En el mes de octubre, cuando unos transportistas
le subían un piano a su piso, murió
súbitamente de un infarto mientras vigilaba
la operación en la escalera. Se le hicieron
unos grandes funerales en la Catedral de Las Palmas.
IV. Desde la incorporación
de García Asensio hasta la emancipación
de la orquesta (1962-1972)
Los cambios políticos que llevó
a cabo el gobierno de Franco en 1958 impulsaron
el resurgir de la economía, casi coincidiendo
con la entrada en acción como secretario
de nuestra Sociedad de Francisco Martín
Vera, buen administrador y gestor eficiente,
pero siempre mostró su menosprecio por
los jóvenes artistas locales, contrató
a buenos intérpretes nacionales y artistas
de segunda fila extranjeros, trayendo además
a alguna figura de relieve. En esta etapa se estableció
una colaboración con el Goethe
Institut de Alemania que tuvo como resultado
la venida de excelentes grupos de cámara
a un coste mínimo, pero el gran hito lo
constituyó la contratación para
un recital del extraordinario pianista Arturo
Rubinstein, que volvió a actuar
ante nuestro público 46 años después.
García Asensio fue director
de la Orquesta Filarmónica coincidiendo
con las dos temporadas más activas y variadas
de la Sociedad desde hacía varios años:
fueron dos cursos novedosos y muy del agrado del
público.
El maestro García Asensio
renunció al puesto de director para hacerse
cargo de la Orquesta de Valencia, su tierra natal,
recomendando a su condiscípulo de los cursos
de dirección en Siena del gran maestro
Celibidache, a Marçal
Gols, y en el mes de mayo de 1964 se
optó por la contratación del director
catalán entre cuatro candidatos.
Marçal Gols, nacido en
Barcelona, estudió piano, violoncello y
clarinete, fue director coral y perfeccionó
sus estudios de dirección en los cursos
de Siena arriba indicados. Su capacidad de trabajo
le llevó a reorganizar y mejorar la orquesta
de una forma radical, consiguiendo con la “importación”
de músicos foráneos alcanzar una
mayor profesionalidad, aunque una vez alcanzado
su objetivo sólo tenía enemigos
por doquier; por ello, si hoy Las Palmas posee
una Orquesta Filarmónica de primer nivel,
se debe a la labor y el esfuerzo del director
catalán, que supo con certeza que el sueño
de implantar en Las Palmas una absoluta profesionalidad
musical podía y debia realizarse a su manera,
y no a la de otros.
Además de la profesionalización
de la orquesta se comprometió a organizar
el coro y a presentarlo en un concierto antes
de Navidad, y fue el 10 de diciembre de 1964 cuando
presentó un coro de 88 voces distribuidas
en cinco cuerdas que acompañado por la
orquesta ejecutó las Septem verba Jesu
Christi in cruce de Schütz y para finalizar
el concierto Gols interpretó
con gran despliegue el Halleluja de el “Mesias”
de Haendel, el coro volvió a actuar el
5 de febrero de 1965 en el concierto homenaje
a Miguel Benítez Inglott,
se interpretó la Simple Symphony de Benjamín
Britten; además del coro que volvió
con el Halleluja el protagonista del concierto
fue el joven violoncellista Rafael Ramos,
cerrando el programa las Danzas Polovtsianas del
Príncipe Igor de Borodin.
Las conmemoraciones del Centenario del
66 y los primeros pasos hacia un relevo generacional
en el Patronato.
Después de renovar al maestro
Gols, la junta pensó celebrar
la “refundación” de 1866 con
un magno centenario que abarcara las temporadas
65-66 y 66-67, y el director anunció a
principios de temporada que en diciembre ofrecería
un gran programa dedicado a Mozart, cuyo punto
culminante sería la Misa de la Coronación,
y efectivamente el concierto se celebró
el 20 de diciembre de 1965 con las sinfonías
Salzburg y Haffner en la primera parte y finalizando
con la Misa. El éxito fue memorable, teniéndose
que repartir sillas adicionales por todo el teatro,
y la soberbia interpretación de María
Isabel Torón obtuvo el mas alto
reconocimiento. Al constituir este concierto un
hito histórico importante,se decidió
repetirlo dentro de la programación conmemorativa
del año 66 y también se programó
como concierto popular.
A finales de 1965 fueron elegidos como nuevos
miembros del Patronato Juan Marrero Bosch
y Francisco Ponce Caballero,
grandes aficionados a la música, y junto
al director, el secretario, y el vicesecretario,
a la sazón Antonio Saavedra Acevedo,
constituyeron la comisión de programación
de los conciertos de cada temporada. El 24 de
mayo de 1966 después de un pequeño
debate crítico presentó Martín
Vera su dimisión “irrevocable”
como secretario de la Sociedad. No se le admitió,
pidiéndole el Patronato que reconsiderase
su postura, como así lo hizo posteriormente.
En enero de 1967 el alcalde de Las Palmas, José
Ramírez Bethencourt cedió
la presidencia de la Sociedad al presidente del
Cabildo Insular de Gran Canaria, Federico
Díaz Bertrana. Éste, aunque
era vocal nato de la Filarmónica, jamás
había asistido a una reunión del
Patronato y, por supuesto, al recibir la comunicación
de su nombramiento respondió inmediatamente
dando las gracias y renunciando. Así José
Ramírez Bethencourt tuvo que asumir
nuevamente la presidencia y dar entrada como vicepresidente
al titular del Museo Canario, el Dr. Juan
Bosch Millares.
Los conciertos de otoño, que cerraban
la conmemoración del centenario, se abrieron
con un excepcional Liederabend por Elisabeth
Schwarzkopf acompañada del pianista
Martin Issep. El 8 de noviembre se celebró
el concierto propiamente conmemorativo del centenario,
iniciado con un discurso histórico del
Dr. Juan Bosch Millares, y se
interpretó el Réquiem de Mozart
con la soprano María Isabel Torón,
la contralto Montserrat Martorell,
el tenor Jaime Baró y
el bajo J. L. Ochoa Plaza.
La programación en las restantes
temporadas con Marçal Gols (1967-1970)
El resto de la temporada 1966-67, fue
muy intenso y hay que destacar la venida de los
pianistas Orozco, Kalmkaria,
Freire, Llacuna
y Carmen Vila, quien tras un
recital sola cerró la temporada con la
orquesta interpretando el Concierto Emperador
y la Fantasía para piano, coro y orquesta
de Beethoven, el guitarrista venezolano
Alirio Díaz, el voloncellista
Radu Aldulescu, y violinista
grancanario Salvador Gil Parrado.
Todos ellos tocaron solos y con la orquesta. Gols
ofreció con la orquesta alguna novedad,
como la Sensemayá del mejicano Silvestre
Revueltas.
Desde septiembre de 1967 hasta junio de 1970,
se celebraron 61 actos musicales, donde los intérpretes
mas destacados fueron como pianistas Julius
Katchen, Paul Badura-Skoda,
Margot Pinter, Rafael
Orozco, Joaquín Achucarro
y el tinerfeño Guillermo González,
los violinistas Victor Martín
y otro tinerfeño Agustín
León Ara, como violoncellistas
Radu Aldulescu y el canario Rafael
Ramos, el arpista Nicanor Zabaleta
y el guitarrista Alirio Díaz
antes mencionado.
Renovación en el Patronato e inicio
de los Conciertos escolares
En las elecciones de diciembre de 1967
entraron como nuevos vocales del Patronato el
joven abogado Juan Cambreleng Roca
y Vicente Llinares Dorta. Bajo
la presidencia de Ramírez Bethencourt
se distribuyeron en el mes de enero siguiente
los cargos a desempeñar, dentro de un clima
de disconformidad de Martín Vera,
que dimitió como secretario (aunque no
como vocal de la junta). Ponce Caballero
fue nombrado vicepresidente y Antonio
Saavedra Acevedo secretario, secundado
en la vicesecretaría por Juan Cambreleng.
Durante año 1968, al margen de las actividades
de la Sociedad Filarmónica,
irrumpieron en Las Palmas de Gran Canaria varias
iniciativas que habrían de cambiar la vida
musical de la ciudad. Desde el año anterior
se habían organizado los Amigos
Canarios de la Ópera; esta asociación
contaba en principio con la colaboración
de la orquesta de la Sociedad Filarmónica
para sus temporadas, lo que representaba un beneficio
adicional a sus músicos. Se pretendía
además crear un coro específico
y, en definitiva, contar con una infraestructura
estable para la organización de las temporadas
operísticas anuales. Esto creó en
aquellos tiempos un clima de entusiasmo que favoreció
la buena acogida de otras iniciativas que cobrarían
mucha importancia. Las tres más significativas
fueron:
- La radicación en la ciudad del bailarín
rumano Gelu Barbu, quien abrió
en 1968 su academia de danza y organizó
su “Ballet Contemporáneo
de Las Palmas”
- La Caja Insular de Ahorros de Gran
Canaria, conducida entonces por un
director sensible como fue Juan Marrero
Portugués y por un gestor cultural
de gran sagacidad y eficacia como Germán
Luzardo Gutiérrez, favorecieron
también que en su seno organizara aquel
año el compositor Juan José
Falcón Sanabria una masa coral
cuya actividad no se ha interumpido hasta hoy,
si bien ahora no está adscrita ya a la
Caja sino a la Universidad de Las Palmas
de Gran Canaria.
- El presidente de las Juventudes Musicales
de Las Palmas, Augusto García
Bienzobas, logró organizar en
aquel entonces, tambien apoyado por la Caja
de Ahorros, un proyecto largamente anhelado
por los jóvenes directivos que comandaba:
el primer concierto de un ambicioso ciclo para
escolares, destinado a fomentar en estos el
conocimiento y la afición a la música.
El primer concierto tuvo lugar en el Teatro
Pérez Galdós el sábado
23 de noviembre de 1968 a las 5,30 de la tarde,
y a él concurrieron ¡más
de mil niños!. Intervino una orquesta
extraida de la Filarmónica, bajo las
batutas de Falcón Sanabria
y Díaz de Felipe, y
se interpretaron obras de Vivaldi, los Bach
padre e hijo, Webern y Stravinsky.
La Filarmónica, especialmente en el curso
1969-70 (última temporada de Marçal
Gols), se benefició de algunos
conciertos organizados para los escolares. Pero
el primer sacrificado dentro de esta nueva y repentina
euforia fue el coro, que ciertamente le daba a
Gols más trabajo que beneficio,
por lo que se lo quitó de encima suprimiéndolo.
El golpe contrarrenovador de Martín
Vera y la dimisión de Marçal Gols
Al celebrarse la junta general del 30
de diciembre de 1969, en la que correspondía
la renovación de Francisco Ponce,
Juan Cambreleng y otros;
Martín Vera, con mucho sigilo,
había confeccionado una candidatura alternativa
a las elecciones de la mitad de la directiva,
en la cual excluyó a quienes no eran de
su agrado dándole entrada a otras personas
menos jóvenes con las que pensó
que se entendería mejor. Los excluidos
se enteraron de la maniobra en el momento de las
elecciones, y quedaron por sorpresa fuera del
Patronato. En enero de 1970, Martín
Vera, rey y señor de la situación,
volvió a asumir con decisión la
secretaría de la Sociedad Filarmónica.
Al presentar en la junta del 3 de septiembre su
proyecto de programación, y no siéndole
aceptado, el maestro Gols dimite
como director de la orquesta de la Sociedad Filarmónica,
lo que se aceptó en 22 de dicho mes.
Daniel Martínez Marín,
director invitado (1970). La renovación
definitiva del Patronato
En otoño de 1970 la nueva temporada
se inaugura con conciertos populares en Teror
y Telde bajo la dirección de Crescencio
Díaz de Felipe. Martín
Vera había cerrado la temporada
anterior invitando a su amigo García
Asensio con un programa monográfico
dedicado a Brahms. Fue su manera pueril de darle
un toque a Gols. Ahora, al dimitir
éste, necesitaba consejo para contratar
a un nuevo maestro. Puesto en contacto con García
Asensio le recomendó a su discípulo
Daniel Martín Marín,
que también había sido alumno de
Sergiu Celibidache, dirigió
tres conciertos no causando mala impresión,
pero al entrar un nuevo equipo directivo a finales
de diciembre se prefirió probar también
a otros candiadatos-
En diciembre de 1970 se celebró la junta
general anual, en la que tocaba la renovación
de la mitad del Patronato que incluía al
presidente y al secretario. Martín
Vera, sin consultar con nadie, formó
una lista excluyendo a Antonio Saveedra,
a José Juan Melián
y a Pablo Elola, e incluyó
a Gregorio León Suárez,
a Juan Marrero Portugués
y a Fermina Caballero Massieu.
Por su parte, Juan Cambreleng,
también con todo sigilo, había formado
una candidatura renovadora encabezada por él
mismo e incluyendo a Antonio Saavedra,
a Pablo Elola, a Manuel
Pañate Schamann, a José
Sampedro Pérez y a Antonio
Castellano Auyanet.
A finales del verano, Juan Cambreleng
tuvo la delicadeza de presentarse ante el alcalde
para comunicarle personalmente que pensaba oponerse
a él con su candidatura renovadora y desvinculada
de la política oficial, pues la situación
de la Filarmónica se deterioraba y creía
llegado el momento del cambio. Ramírez
Bethencourt lo escuchó y entendió,
y finalmente le dijo que él no quería
continuar por dos razones: una, porque la alcaldía
no le permitía ocuparse de la Sociedad,
y la otra, porque Martín Vera
sólo le creaba problemas. Pero lo cierto
es que Ramírez Bethencourt
no advirtió a Martín Vera
que pensaba retirarse, puesto que éste
no le había consultado para formar la lista.
A la asamblea de la Filarmónica acudierom
a votar cerca de doscientos socios de uno y otro
bando. Resultando derrotada la lista de Martín
Vera. Asumió Cambreleng
la presidencia en enero, y Antonio Castellano
la secretaría, ocupando la vicepresidencia
José Sampedro y continuando
con la vicesecretaría Juan Marrero
Bosch. Casi un año despues el
22 de diciembre de 1971, se consumó el
cambio generacional con la llegada de Francisco
Ponce Caballero, Vicente Llinares
Dorta, Sebastián Artiles
León, el arquitecto José
Sanchez Murcia y Pedro Schlueter
Caballero.
El primer bienio presidencial de Juan
Cambreleng (1971-1972): Manuel Galduf y otros
directores invitados
Juan Cambreleng y su equipo directivo
se encontraron en 1971 con un panorama nada halagüeño:
por un lado la orquesta se encontraba soliviantada
debido a los bajos salarios debido a que las subvenciones
corporativas seguían congeladas hacía
más de dos décadas, y por otra parte,
Marçal Gols, desde la
calle, disponía de los músicos a
su conveniencia, contando con más fondos
que la Filarmónica proveniente de los conciertos
escolares. Había más, las temporadas
de ópera se consolidaban y ocupaban a los
instrumentistas de la orquesta buena parte de
la primavera. De manera que la solución
era recurrir a la contratación de recitales
y de grupos de cámara.Y el nuevo equipo,
en el que había aficionados poseedores
de una cultura musical más actualizada,
emprendió bién este camino, decidiendo
invitar a directores orquestales escogidos para
actos puntuales.
La nueva gestión se estrenó con
un recital del veterano pianista Witold
Malkuzynski con un recital con obras
de Brahms, Liszt y Chopin, y tres día después
el gran pianista interpretó junto con la
orquesta los conciertos de Tchaikowsky el tercero
de Beethoven, bajo la batuta del joven director
valenciano Manuel Galduf, el
cual demostró una gran musicalidad y una
absoluta eficacia como acompañante de tan
enorme virtuoso.
A principios de mayo actuó para la Sociedad
Filarmónica, por gentileza del Ayuntamiento,
la Orquesta de Cámara de Praga,
que ejecutó obras de Telemann, Mozart,
Richter y Prokofieff. Esto convenció al
público de que si la Sociedad no pudiera
en el futuro sostener a su propia orquesta, podría
ocasionalmente traer a este tipo de agrupaciones
de gran calidad, con las que se podían
escuchar programas especializados y ejecutados
al máximo nivel. La vieja orquesta volvió
a intervenir a finales de ese mismo mes acompañando
a la sopramo tinerfeña María
Orán, que recientemente se había
presentado con gran éxito en el festival
de ópera de Las Palmas. Se concluyó
la temporada con el oratorio Por qué rezamos
de Navaroo Grau dirigido por
Juan José Falcón,
y se culminó una temporada, la de 1970-71,
cuyo segundo tramo se había presentado
incierto tras el primer relevo directivo y que
se solventó con un nivel e interés
no inferiores a los de la época anterior.
En la temporada siguiente se mantuvo la misma
tónica, y se invitó a Marçal
Gols a dirigir el concierto inaugural
acompañando al clarinetista Rodolfo
Giménez, repitieron visita los
directores Galduf y Martínez
Marín. Casi todos los solistas
dieron además sus respectivos recitales,
destacando el pianista Shura Cherkassky
y el guitarrista José Luis Rodrigo.
El proceso de emancipación de
la orquesta y el traspaso del Consevatorio de
la Filarmónica al Ayuntamiento.
Las relaciones de Gols
con los músicos iban a menos, pues la antigua
vinculación de estos con la Sociedad estaba
practicamente rota. Gols estaba
pensando en municipalizar la orquesta, sustituyendo
a los músicos que tenían otras dedicaciones
por profesionales importados, con el objeto de
obtener una mayor calidad y poder disponer a cualquier
hora de todos los instrumentistas para sus conciertos
escolares.
El Patronato de la Filarmónica presidido
por Juan Cambreleng fue madurando
poco a poco la idea de que la solución
no consistía en volver a la situación
anterior, sino que había que luchar por
una orquesta profesional, de gran calidad, para
cuyo logro debería realizarse nuevamente
un esfuerzo conjunto en el que la Sociedad Filarmónica
no debía quedar aparte. Cambreleng
quiso promover un nuevo “Patronato
de la Organización Sinfónica de
Las Palmas”, invitando para hablar
de ello al Ayuntamiento, al Cabildo Insular, a
la Caja Insular de Ahorros, a lo Amigos Canarios
de la Ópera y a la recién creada
Asociación de Conciertos Escolares.
El nuevo presidente del Cabildo, Juan
Pulido Castro, le dijo a Cambreleng
en su entrevista que ya existía un Patronato
con plenos poderes para su gestión, pero
no se habló de actualizar las subvenciones
para que la gestión encomendada en los
estatutos pudiera llevarse a cabo, sino sólo
de estudiar la posibilidad de “aumentarla”,
lo cual no se llevó a cabo de una manera
realista. El consejero de cultura del Cabildo
José Rodriguez de la Rosa acudió
a un Patronato, una novedad, pues desde los tiempos
de Matías Vega no aparecía
por la Filarmónica nadie de la corporación
insular; venía a informarse para tratar
de resolver el principal problema urgente de la
Sociedad, que, según sus noticias era “cubrir
la plaza del director de la orquesta…”
Y con la misma se fue y no volvió más:
una auténtica tomadura de pelo, verdaderamente
indignante.
El Ayuntamiento, en sus conversaciones sobre
el problema de fondo con Cambreleng,
mantuvo la misma postura que el Cabildo, esto
es, la de aumentar su apoyo a la Sociedad; pero
no aumentó nada, sino que pronto derivó
la negociación hacia el problema del Conservatorio,
que era otra carga que, sin ayudas, la Filarmónica
no podía soportar ya. En tiempos de Rodó
ya se había solicitado el cambio de la
categoría del centro docente de “Elemental”
a “Profesional”. Ésta le fue
concedida aquel año de 1971 por el Ministerio,
y en octubre se hizo el traspaso del mismo al
municipio, con todo su equipamiento y los enseres
con que lo había dotado a lo largo del
tiempo (incluidos los pianos).
Adiós a la orquesta; punto final
de la cuarta etapa en diciembre de 1972
En marzo del 72 se convocó una
junta general extraordinaria y se elevaron las
cuotas sociales. Dado que el Ayuntamiento había
asumido a la orquesta como órgano externo
para dar otros conciertos en el teatro, se volvió
a ofrecer la colaboración de la Sociedad
Filarmónica para la creación de
una gran orquesta sinfónica de la ciudad.
Silencio. Habló entonces de nuevo
Cambreleng con Pulido Castro
en el Cabildo, y éste le dijo claramente
que de momento, no se consideraba oportuno acometer
una empresa de la envergadura de una orquesta
de categoría, lo que Cambreleng
comunicó al Patronato el 17 de marzo de
1972.
En noviembre de ese año volvió Cambreleng
a la carga con las corporaciones para que se creara
la gran orquesta sinfónica de la ciudad.
Todo fue en vano y las relaciones con los músicos
se agriaron mucho más. Después de
tres conciertos en otoño del 72, en diciembre
se negaron a actuar, cuando por un gesto conciliador
del Patronato habían de ser dirigidos por
Gols (que tuvo mucha parte en
este plante).
Cuando se celebró la siguiente junta general
de la Sociedad Filatmónica, el 29 de diciembre
de 1972, el presidente informó cumplidamente
del proceso que ha concluido en la disolución
de la orquesta de la Sociedad por parte de los
músicos. Habló de las gestiones
innumerables de la Sociedad Filarmónica
para encontrar la mejor solución posible
al problema de la orquesta y las interferencias
de los músicos y personas extrañas,
aparte del poco calor con que las autoridades
han acogido hasta ahora las diferentes propuestas.
Asimismo, Cambreleng expresó
su confianza en el futuro de la Sociedad con el
apoyo de los socios que, como una piña,
seguían manteniéndose fieles. La
asamblea ratificó con su aprobación
unánime el sentir del presidente.
El segundo bienio presidencial de Juan
Cambreleng (1973-1974)
Después del traspaso del Conservatorio
al Ayuntamiento y la emancipación de la
orquesta colocaron a la Filarmónica en
una nueva situación y radicalmente distinta.
A partir de aquel momento, la Sociedad Filarmónica
actuaría principalmente sólo como
un órgano de gestión de conciertos
para abonados (sus socios). Desde el punto de
vista cultural, esta situación resultaría
a la larga muy beneficiosa, pues permitiría
que se desarrollara con una mayor flexibilidad
otra política musical de más ancho
contenido para sus miembros. Como consecuencia
se ha elevado considerablemente el listón
de las exigencias de calidad entre el público
de Las Palmas de Gran Canaria, y se ha cubierto
con gran acierto la parcela sin duda más
exquisita: la de la música solística
y de cámara.
A finales de 1972 se produce una nueva renovación
del Patronato y entraron como nuevos Luis
Cárdenes Iglesias, Francisco
de Armas Vernetta, Silvia Perdomo
González y María
Paz Massieu Verdugo.
Cambreleng y su nuevo equipo
no se desentendieron en principio del problema
de la orquesta, aunque la consideraban como una
necesidad ciudadana irrenunciable; por lo tanto,
en los contactos con las corporaciones, y especialmente
con el Ayuntamiento (que protegía a la
ahora llamada “Orquesta Sinfónica
de Las Palmas” dirigida por Gols),
iban encaminados hacia la creación de un
nuevo ente sinfónico absolutamente renovado
y profesional, en el que debían participar
todas las partes interesadas. La corporación
municipal mostró su nula voluntad de llegar
a una cooperación con la Sociedad. Con
ésto quedó claro el “impasse”
a que se llegó en ese diálogo, y
aunque la Filarmónica siguió en
el futuro insistiendo en su postura, a partir
de ese momento se concentro más en su labor
de traer a solistas y agrupaciones de cámara.
El segundo bienio presidencial de Juan
Cambreleng tuvo un signo ascendente,
que demostró que la Sociedad como tal no
se había resentido con la separación
de la orquesta. El secretario Antonio
Castellano fue eficaz gestor, y por primera
vez todos los conciertos de las temporadas aparecían
programados con un año de a |